Jueves 5 de febrero.
Hangar 18.
Noche caliente, sin mucho aviso.
ARGH llegó desde Chile.
Sin tanto discurso. Sin pose internacional.
Llegaron como tiene que ser: a tocar.
No vinieron solos.
Los acompañaron Discordia y Invasión 89.
Y eso ya te dice todo.
Invasión no necesita presentación.
Es historia viva del punk en Panamá.
Son de esos nombres que no se bajan del tiempo, aunque todo alrededor cambie.
Discordia — más filo, más fricción.
Todo en esa línea donde el sonido no busca gustar, busca incomodar.
Y ARGH…
directos, tensos, sin pausa.
De esos sets que no te dejan espacio para pensar si está “bien” o “mal”.
Solo pasa.
El Hangar 18 se sintió como tenía que sentirse:
apretado, sudado, real.
Nada de producción limpia. Nada de distancia.
Gente pegada al frente.
Sonido crudo.
Cuerpos reaccionando más que mirando.
Esto no era un evento para documentar bonito.
Era para estar ahí.
De esos shows que no necesitan flyer perfecto ni caption largo.
Porque si estuviste, sabes.
Y si no, ya llegaste tarde.
Respeto a los que siguen moviendo esto sin permiso.
A los que traen bandas, arman fechas y mantienen la escena viva a punta de ruido.
Panamá no siempre suena así.
Pero cuando suena, pesa.
— SLAM









































